Literatura y Astrofísica II
Hay muchos más ejemplos de escritores engullidos por la literatura, autores que han dado el salto y se han convertido en personajes, pasando así a formar parte de algo que ellos mismos han ayudado a construir; como un pintor que, de repente, una mañana, despertase convertido en pigmento.
Cuando llegué a la isla, anochecía. En el pueblo parecía no haber nadie, pero oía música y voces de fiesta, aunque amortiguadas por los vaivenes de las olas de un mediterráneo insólito, por lo embravecido y furioso, que contrastaba con la placidez de la noche. 

Un agujero negro es el cadáver de una estrella tan grande que no ha podido evitar sucumbir aplastada por su inmenso tamaño, como las ballenas varadas en las playas que acaban muriendo asfixiadas por su propio peso; una región del espacio donde la gravedad es tan intensa que el propio espacio ha colapsado. Cualquier cosa, ya sea materia o energía, que se acerque a un agujero negro más allá de un cierto punto, será engullida sin remedio, después de ser aplastado por la monstruosa fuerza de su atracción gravitatoria.
Quiero anticipar una aclaración ante la tarea que me ha sido encomendada de hacer una crítica sobre una reciente publicación. Esto es que, aunque no sea ni duende, ni elfo ni tampoco una ninfa; a pesar de no vivir en los bosques y considerando que en mi intento de comunicarme con los pájaros (cosa que a veces hago cuando paseo bajo los árboles y contestando a sus trinos, siempre asaltándome la duda de si sabrán que no soy pájaro…) me siento una afortunada por saber disfrutar de algo tan maravilloso, incluso fantástico como es un bosque. Dicho esto, deseo vehementemente poder transmitir el entusiasmo que me supuso dar con un libro como el que voy a comentar.
Hace apenas un año, me metí en un avión con destino a las repúblicas Bálticas, esperando que me sorprendieran con algo que no sabía muy bien qué podía ser…
