‘Veinticuatro Horas en el Bosque’: Un Seguro para los Sueños
A ver, no nos vamos a engañar. Es la primera referencia que nace en el sello narrador.es y si nos decidimos por presentarlo en el blog en forma de crítica, obviamente, la consideración que vamos a verter sobre ‘Veinticuatro Horas en el Bosque’ (narrador.es, 2008) va a ser positiva.
A pesar de ello, y siendo consciente de que muchos de los lectores de este espacio se mostrarán escépticos ante mis intenciones, voy a tratar de mantenerme lo más aséptico posible en mis impresiones, como si fuera a escribir cualquier otra entrada para la categoría ‘Crítica’.
El caso es que el pasado martes quedé con el compadre Mario para echar una cervecilla, hablar un rato de cómo van nuestras vidas, para felicitarnos por el nacimiento de la Librería, para asustarnos por las pocas horas que tiene el día y alguna cosilla más.
Una de esas cosillas venía materializada en forma de libro. El ejemplar era una copia de ‘Veinticuatro Horas en el Bosque’ dedicada por el autor para quien abajo escribe (gracias Angel) Lo primero que me sorprendió fue el formato de la obra: manejable, cómodo y con el tamaño perfecto para degustar las estupendas ilustraciones que contiene.
- Perfecto - exclamé al recibirlo - se lo regalaré a mi sobrino.
Ante esta declaración, Mario torció el gesto y me hizo ver ‘Veinticuatro Horas en el Bosque’ desde otro punto de vista.
- No sé Raúl… Yo creo que este libro es algo más que un compendio de ilustraciones para niños. Creo que es igual de provechoso por ellos y por los adultos.
En fin, pensé, me lo quedaré fijo ya que, al fin y al cabo, me lo han dedicado pero, al mismo tiempo, adquiriré uno para Adrián. Es decir, me lo iba a quedar porque una rúbrica ornamentaba la primera página, considerando prejuiciosamente que no era un libro para mí.
Con todo, esa misma noche me lo leí (no es largo, todo hay que decirlo) Y desde esa noche he vuelto a creer en el importante valor de los cuentos; he vuelto a revivir aquellas primeras fábulas infantiles que iban cayendo en mi más tierna infancia cumpleaños tras cumpleaños.
Soñé, si no recuerdo mal, con el Hombre del Saco, topos, duendecillos, héroes y con un precioso bosque. En mi sueño, las imágenes coincidían con las dibujadas por Angel Domínguez y, aunque los oníricos pasajes de la noche me llevaran a lugares que no aparecen en el libro, estoy seguro que la magia que éste desprende contribuyó de forma clara a que emergieran en mi cabeza.
Como oro en paño. Desde el martes ‘Veinticuatro Horas en el Bosque’ ocupa un lugar cercano a mi mesita de noche. Es una obra para niños. Y para adultos que, como yo, a veces nos cuesta soñar y volver a sentirnos niños.
Poco más puedo aportarles. No me atrevo a hacer un análisis de las ilustraciones de la obra porque no me considero la persona más idónea para tal menester, aunque, personalmente, me parecen preciosas y muy cercanas al tono cuentístico de toda la obra.
A mí sólo me queda encargar una copia para mi sobrino para asegurarme que cada noche sueña con duendecillos del bosque y con aventuras protagonizadas por héroes legendarios. De esta forma, tendré la certeza de que esa imprescindible parte de su niñez está bien cubierta.
