Cuento El Junco Chino
Mark Hopkins, delegado de la Pacific Research Ltd. en Bilbao recibió una llamada de Roberto B. “Tenemos un gran problema. El junco Loto de La Aurora lleva seis meses atracado en un muelle del museo marítimo. Algunos directores del museo pensamos que hay algo siniestro en ello, y deseamos que Ud. lo investigue”.
II. METRÓPOLI
En mi primer viaje a Estados Unidos y después de un largo periplo por todo tipo de ciudades y pueblos más o menos grandes, llegué a San Francisco; la ciudad cosmopolita del Golden Gate, las empinadas cuestas y los tranvías. Y fue precisamente al bajarme de uno de ellos, cuando presencié la escena más extraña que haya vista en toda mi vida.
Una de las grandes capitales del mundo, ha sido y es sin duda la poderosa Moscú. Mi viaje al mundo rojo, que se diluía en el capitalismo contra el que tanto luchó, resultó enriquecedor en todo momento. Desde los colosales edificios de la antigua KGB, hasta la ciudad amurallada del Kremlin, propiamente dicha, nos sumergió en un mundo paralelo, que nada tiene que ver con el occidental, al que estamos acostumbrados.
No debía hacer nada de mal gusto, advirtió al anciano Eguchi la mujer de la posada. No debía poner el dedo en la boca de la muchacha dormida ni intentar nada parecido.
Ángel Domínguez
Cuando era niño, supongo que como muchos otros de mi generación, que crecimos con la tele en blanco y negro, con la carta de ajuste a las 12 de la noche, con las canicas, los cromos y las maderas que hacían las veces de espadas o escopetas, me gustaba mucho más jugar en la calle con los amigos, que leer.