Cuento El Junco Chino: Como se Hizo la Foto
- Creo que para ilustrar este relato tenemos que desplazarnos más de lo acostumbrado.
- ¿Cómo así?
- Está ambientado en el Museo Marítimo, así que nos toca viajar.
- Entonces tendremos que quedar por la mañana porque entre que llegas a Bilbao y te pones a tirar fotos, nos quedamos sin luz. ¿Quedamos a las once?
- Si quedamos a las once no nos quedará tiempo para ir a patinar.
- ¿A las nueve y media?
- Buena hora
- Entonces hasta mañana a las nueve y media.
Salimos de casa sobre las nueve y veinte para coger el metro de nueve y media. Jesús sale comiendo una manzana. Justo antes de pasar el billete por la canceladota tenemos el primer contratiempo: Un guarda de seguridad nos da el alto.
- Perdón, pero no se puede comer en las estaciones.
Mientras Jesús terminaba la pelea con la manzana, el guarda nos amenizó la espera con un relato, que vio en televisión sobre ratas en La India.
Una vez acomodados en el vagón comentamos varias posibilidades para la foto. Entre éstas estaba la de hacer unas tomas desde la azotea de un edificio del parque, e intentar sacar a la grúa roja que preside el Museo Marítimo, que por cierto se llama Carola, sobresaliendo de las copas de los árboles del parque.
Segundo contratiempo. Los árboles sobresalían por encima de la grúa y no al revés como hubiésemos deseado. Menos mal que las ramas todavía no se han cubierto de hojas y su desnudez nos permitió realizar algún intento, con los que no quedamos muy satisfechos.
No hay problema. Un cafecito para recuperar el ánimo y de paseo por el parque hacia el Museo Marítimo. Aprovechando el buen tiempo, Jesús sacaba fotos a todo lo que le parecía interesante para aumentar nuestro archivo. Nunca se sabe cuándo te puede solucionar un trabajo.
Llegando al Museo, comenzamos a sospechar que algo pasaba al ver como varias dotaciones de policía municipal se aglomeraban en una curva cercana. Efectivamente; se estaba disputando una carrera popular, de la que tomamos las correspondientes fotografías. Para lo del archivo y todo eso.
Bajamos al Marítimo y tomamos fotos de la grúa Carola, del velero atracado en el muelle, de las cajas de la BBK, pero el resultado seguía sin convencernos. El fondo no daba el contraste pretendido. Probamos con los reflejos en el agua y en la cristalera de la fachada del propio Museo.
Dice el saber popular que hay quien se pasa la vida buscando algo que ha tenido debajo de sus narices (¿por qué se dirá narices si sólo tenemos una?). En nuestro caso lo teníamos detrás, y claro, al darnos la vuelta para regresar a casa, lo vimos. Un reflejo en la fachada que, junto con las cajas de la BBK y el rótulo que rezaba “Museo Marítimo” era un “todo en uno” perfecto. Trabajo resuelto.
Revisando el material, el viaje de regreso se nos hizo muy ameno. Es bueno cambiar de aires de vez en cuando.

