La Literatura y las Islas
9-enero-2008Antonio Senciales
Cuando has leído algunas novelas o relatos contemplas como un juego de memoria o un simple pasatiempo, que te ayuda a recordar tus lecturas, el establecimiento de una relación directa entre los libros leídos o releídos y diferentes circunstancias o accidentes. Estoy escribiendo artículos sobre distintos temas, que han aparecido ya en www.narrador.es o que aparecerán en el futuro. He establecido conexiones entre Literatura y medicina, Literatura y suicidio, Literatura y erotismo, Literatura y cine, etc.
He pensado también en lugares geográficos del mundo: ríos, islas, ciudades. Los artículos llevarán por títulos: La literatura y los ríos, La literatura y las islas, Franz Kafka y Praga, Lawrence Durell y Alejandría, etc. Las islas que se indican a continuación se han hecho célebres a través de las novelas correspondientes.
Daniel Defoe (1660–1731) y la isla ‘Más a Tierra’. Defoe, escritor y periodista inglés, ha pasado a la inmortalidad literaria por su famosa novela “Robinson Crusoe”, escrita en 1719. Como todo el mundo conoce, es la historia de un náufrago que vive diversas aventuras durante varios años en una isla desierta. Pudo haber basado el autor la novela en un hecho real, el de un marinero escocés de nombre Alexander Selkirk. Si ese hubiese sido el caso, estaríamos ante una novela de no ficción, la primera en la historia de la literatura universal, pero de esta circunstancia no se tiene certeza documental. Por ello, sigue ostentando tal primicia la novela “A sangre Fría”, de Truman Capote, acerca de un crimen colectivo cometido por dos individuos en las personas de toda una familia americana, quien alardeó en incontables ocasiones de haber escrito la primera novela de no ficción de la historia novelística mundial. La novela de Capote ha sido llevada al cine. Y de la novela de Defoe se han hecho, como se sabe, numerosas versiones cinematográficas.
Desde el año 1966, a la isla, situada frente a la costa chilena y perteneciente a este país, le fue cambiado el nombre por el de Robinson Crusoe, y es la mayor del archipiélago Juan Fernández.
Daniel Defoe fue uno de los primeros practicantes de la novela y ayudó a que el género se popularizara en Inglaterra.
Defoe escribió otras novelas, entre las que podemos citar: “Las Aventuras del Capitán Singleton”, “Diario del Año de la Peste” (histórica), “Moll Flanders” (llevada al cine) y otras.
Herman Melville y las islas Galápagos. Estadounidense. Novelista, ensayista y poeta. Uno de los mejores autores del siglo XIX y de la literatura universal. Viajó a los mares del Sur a bordo de un ballenero durante 18 meses. Sus novelas alcanzaron de inmediato gran popularidad, aunque estuvo injustamente olvidado unos años.
Escribió “Las Encantadas”, una deliciosa colección de relatos breves, que contienen diez fragmentos descriptivos de las islas Galápagos, de Ecuador. Es autor también de otras obras, siendo quizás la más conocida la novela “Moby Dick”, que cuenta la historia de la ballena blanca y el conocido capitán Ahab, llevada al cine; “Bartleby, el Escribiente”, un relato corto que recomiendo vivamente a los lectores por ser uno de los más célebres de la literatura universal. Es precursor del existencialismo y de la literatura de lo absurdo y anticipa temas que serán comunes en el mundo literario configurado por Kafka (“El Proceso”) y Samuel Beckett (“Esperando a Godoy”). Enrique Vila-Matas en su “Bartleby y Compañía” designa como ‘bartlebys’ a los escritores que, por varias razones, renunciaron a seguir escribiendo.
Melville nos dejó también “Typee”, “Mardi”, “Omoo” y otras.
Su muerte en 1891 pasó, desgraciadamente, desapercibida.
Robert Louis Stevenson y la isla del Tesoro. Escritor escocés. Vivió una infancia feliz y despreocupada. Estudió leyes y empezó a practicar la abogacía. No gozó de buena salud.
Quizás su obra más conocida sea “La Isla del Tesoro”. Hace tiempo en algún lugar leí que si un niño puede leer y sentir el dramatismo de los hechos ocurridos en la posada ‘Admiral Benbow’ tal como los imaginó Stevenson y los relató al principio de la novela, entonces ese niño será lector durante toda su vida. Era notoria su afición al alcohol. Murió a los 44 años de edad.
No sabemos el nombre de la isla porque no se dice en la novela. El autor nos da la pista de que se encuentra seguramente en la parte occidental del océano Pacífico, en la misma latitud que las Bermudas, pero más cerca de la costa este de Estados Unidos y no en el Caribe, con quince kilómetros de largo y ocho de ancho, con pinos de hasta seis metros de altura.
Nos dejó otras obras: “El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, muy conocida; “Aventuras de David Balfour”, “La Flecha Negra”, “El Club de los Suicidas” y otras.
Reivindicó el relato clásico de aventuras, de acción. Su estilo es sobrio y elegante y por la naturaleza y descripciones de sus relatos influyó en escritores como Borges, uno de los más importantes de la literatura universal.

12 enero 2008 8:58
Hablando de islas y al mencionado Durrell, hay una joyita cuasidesconocida llamada “Limones amargos de Chipre”. Puede que sólo sea porque el Mediterráneo y Levante me vuelven loco (cuerdo de verdad), pero es deliciosa.
12 enero 2008 17:51
Realmente los hermanos Durrell merecen ser leídos; pero concretamente el libro de Gerald “Mi familia y otros animales” es una auténtica delicia.
14 enero 2008 11:33
tomo nota Eli… me lo recomiendas?
14 enero 2008 12:23
Llum, por supuesto que te lo recomiendo. Para reencontrarte con el niño/niña que todos llevamos dentro; por el amor a la Naturaleza que de él se desprende; por el buen rato que seguro te hará pasar.