Te Juro Que Me Está Mirando: Como se Hizo la Foto
Para ilustrar el relato de esta semana, “Te juro que me está mirando”, hemos salido al asalto fotográfico de jardines sin importarnos su belleza, su tamaño o la diversidad de especies florales que los adornan. Hemos buscado aquél que tuviera uno de esos protagonistas que se hicieron famosos en la década pasada por tener un grupo de liberación que velaba por ellos. Me estoy refiriendo al famoso enano de jardín, que tanta alegría da cuando se planta y al que se llega a aborrecer hasta extremos insospechados, por lo que se mancha y por lo que estorba a la hora de podar el césped.
Tras un recorrido previo por los posibles jardines habitados de la zona, centramos nuestro trabajo en dos de ellos. En el primero, nuestro protagonista tan sólo estaba acompañado de Bambi, o algo parecido al cervatillo huérfano de Disney. Dado que el jardín se halla situado entre dos fachadas, que a las cinco de la tarde el sol comienza a ocultarse, y que las nubes se empeñaban en reunirse sobre nuestras cabezas, la iluminación era lo bastante escasa como para empezar a temer por el resultado de nuestro trabajo.
Como las prisas no son buenas consejeras pero tampoco andábamos sobrados de tiempo, después de un par de fotos decidimos ir directamente a por el otro jardín, que ofrecía alguna posibilidad más.
Allí estaba. Con cara de mala leche, acompañado por sus seis cómplices y rodeando a la jefa. Seguro que les estaba echando alguna bronca.
No hizo falta que Jesús y yo discutiéramos sobre el protagonista de la foto.
- Pero, ¿has visto que cara tiene?
- Sí. Da miedo. Además ese musgo amarillento le da un toque de lo más siniestro.
Eran varios los motivos por los que nos dimos prisa. De hecho creo que es la vez que más rápido hemos tirado las fotos. No queríamos importunar a los dueños del caserío, No queríamos quedarnos sin luz y como la reunión que mantenían las nubes se estaba animando por momentos, no queríamos mojarnos.
Casi conseguimos lo primero, pero al final salió la dueña para ver si “necesitábamos algo del caserío”. Le explicamos la finalidad de lo que hacíamos y amablemente nos dejó continuar. Casi conseguimos no quedarnos sin luz, pero al final el sol, que es muy suyo, se ocultó del todo. Y casi conseguimos no mojarnos, porque se ve que a las nubes lo que les fastidiaba era que el sol les estuviera espiando y en cuanto le perdieron de vista, la reunión se les fue de las manos y se pusieron a cantar. Alguna bebió más de la cuenta, derramaron la bebida y claro, nos mojaron.
Esperamos por lo menos haber conseguido lo que nos propusimos: una buena foto.
