Te Juro Que Me Está Mirando
Cada mañana cuando salgo de casa me pasa lo mismo, sé que es del todo imposible pero no me puedo quitar de encima esta sensación de sentirme observado, yo digo que me está mirando. Desde el jardín, oculto entre los geranios con esa sonrisa extraña.
Ya me lo imagino bajito y rechoncho, con aquel ridículo sombrero verde en punta, la dichosa blusa roja y esa barba que oculta su siniestra sonrisa, siempre allí, de pié, sujetando un tiesto con las manos, vigilando cada uno de mis movimientos al salir y entrar en casa, tramando vete a saber qué, esperando el momento oportuno para lanzarse sobre mí, para atacarme.
Sé que está conchabado con alguien de dentro de casa y que tiene como mínimo otro cómplice fuera y creo que ya sé quien es uno de ellos.
El que está dentro de casa ya sé quién es, de hecho no puede ser nadie más, está en el comedor, colgado en la pared, con esa cara pálida y esa nariz roja, con esa lagrimita que le cae y su ridícula corbata de colores chillones, y su estúpida sonrisa, esa sonrisa que te hiela la sangre, esa sonrisa tristona, esa sonrisa de psicópata con la que siempre me recibe cuando llego a casa, yo sé que me oculta algo o no me miraría de esta manera como pidiéndome perdón y también sé, que en cuanto no le miro no puede reprimir su odio hacia mí, sé que más de una vez ha intentado saltar del cuadro y lanzarse a mi cuello, por eso cada vez que me giro, disimula con esa sonrisa falsa.
Siempre me mira, haga lo que haga, cuando estoy en el comedor, comiendo o mirando el televisor, noto su mirada por encima del hombro, observando cada uno de mis movimientos y el maldito payaso se los comunica a su socio en el jardín, el puto enano, que cree que no le veo, pero sé exactamente donde está, pero el peor de todos es el buzón.
Está a unos pocos metros de casa en un descampado y sé que no es un buzón normal y corriente, dicen que ha desaparecido gente que se ha acercado a él y que otros han salido muy traumatizados de la experiencia de echar cartas en él.
Él es quien coordina todos y cada uno de los movimientos del enano del jardín y del payaso del comedor, nada hacen sin que antes se lo diga el buzón, o mejor dicho el que está en el buzón, porqué este buzón está habitado.
Tengo pruebas de ello, una familia de enanos antropófagos vive en el interior de buzón, esperando la puesta de sol y salir a por carne fresca, carne humana y a poder ser la mía.
No les he visto nunca, pero sé que están ahí, cada vez que me acerco al buzón intento mirar dentro, por la rendija y, aunque no los veo siento su presencia, se ocultan bajo las cartas que dejó el último cartero que se comieron. Fueron rápidos, muy rápidos, hasta hicieron desaparecer la motocicleta que el cartero usaba para llevar el correo de un lado a otro.
A veces llaman a mi puerta e intentan colarse en casa diciendo que traen correo comercial o te preguntan si has leído la Biblia, en esos casos van de dos en dos, a veces son dos mujeres de mediana edad otras veces son dos hombres bien vestidos y en apariencia altos, pero a mi no me engañan, sé que son ellos, sé que se comieron al cartero y ocultaron su motocicleta.
Hay quien dice que me equivoco, que han visto el cartero por el pueblo, repartiendo correo de casa en casa, si es así la cosa es más grave de lo que parece, porque yo sé que no es el cartero, son dos enanos que, subidos uno encima del otro se han puesto el uniforme del cartero y se hacen pasar por él, yendo de casa en casa, controlando a sus habitantes para así, luego dar cuenta de ellos, porque esta es su táctica, confundirse entre nosotros y, a la larga devorarnos y suplantarnos y cuando no quede más gente en el pueblo que comerse, se irán a otro pueblo y harán lo mismo.
Tienen espías en todas partes y de la clase más insospechada, en mi casa tienen el enano de jardín y el cuadro del payaso del comedor, pero pueden adquirir otras formas.
Los hay con forma de figuras de pasta compradas en el todo a cien, carátulas de videos de aeróbic, libros de autoayuda, discos de Julio Iglesias, el código da Vinci…, todos ellos nos vigilan, son espías al servicio de los enanos antropófagos del buzón.
Pero a mí no me engañan, sé que están ahí, dispuestos a devorarme, pero yo les estaré esperando, de momento voy a quemar al dichoso payaso y luego cogeré las tijeras de podar y en cuanto llamen a la puerta…, un momento, hablando del rey de Roma…, voy a buscar las tijeras.
Narración: Joaquim Parera
Ilustración: Carlos Delgado y Jesús Prieto
