La Ciudad Rosa
En las tierras de los antiguos edomitas, que lucharon contra sus parientes semitas de Israel, se halla una ciudad que fue sucesora de su cultura, La ciudad de Petra. La ciudad de los Nabateos.
En las tierras de los antiguos edomitas, que lucharon contra sus parientes semitas de Israel, se halla una ciudad que fue sucesora de su cultura, La ciudad de Petra. La ciudad de los Nabateos.
Al abrigo de cuatro paredes, desesperando a las palabras, yacía el cadáver de un hombre vivo. Era Eduardo Montesinos y su único refugio era negarse a vivir. Ante el más aterrador vacío, un único movimiento restaba: vaciarse de sí mismo. Andaba camino de lograrlo. Depresión. Hay que darle nombre. Curanderos con título otorgándote fórmulas mágicas del buen vivir a cambio de 50 euros la hora. Para los más avispados, se trata de ir tan solo a la sección de autoayuda de una librería cualquiera y comprar la paz interior por 10 euros. Si la cosa se pone jodida, pastillas contra el mal del alma en una farmacia… previa receta del camello-psiquiatra de turno. Si se pone la cosa realmente jodida, una adicción cualquiera es la única vía posible. Pero Eduardo no podía acudir a los mercachifles del dolor. No era escasez de cash, era sobreabundancia de análisis, su puta manía de despejar la incógnita en toda ecuación vital. El mundo acababa desnudo, desprovisto del sentido que nunca tuvo y él, como buen último hombre, era incapaz de generar un nuevo sentido por sí mismo, ni siquiera estaba capacitado para abandonarse a la estupidización de repetirse cada mañana ante el espejo: eres el mejor, eres el mejor, eres el mejor,… Hiperconciencia, mala compañera. Aún queda otra vía, el sinsentido.
He terminado de leer su novela “Las lágrimas de Eurídice” (Áurea Ediciones, Barcelona, 2007).
Algo que no quiero dejarme en el tintero es que, de entrada, le reconozco un gran mérito a la persona que se atreve a escribir una novela, a dar forma a una narración.
Rubén Bravo es el Narrador de este jueves y es el padre y la madre de ‘¿Sentido?’, una pieza que su propio autor califica como a un hijo, como al fruto de un “parto deseado y sin epidural”. Un vástago con cierto parecido a su progenitor pero lo suficientemente diferente como para que hallemos en él rasgos de personalidad propios.
No me tenía que haber dejado convencer. Cada vez estaba más irritado con ella y conmigo mismo; pero el influjo de las fiestas y la promesa de que las corridas en Pamplona, siempre eran especiales, me convencieron. Me había dejado la entrada en la recepción del hotel donde me alojaba y una nota, en la que me suplicaba que la esperara en la plaza.
Entrada dedicada a los y las fans del escritor galés Ken Follet: el próximo 28 de diciembre se pone a la venta en España su última novela ‘Un Mundo sin Fin’, la continuación de su exitosa ‘Los Pilares de la Tierra’, ya que ‘Un Mundo sin Fin’ se desarrolla dos siglos después de
terminar la construcción del templo gótico que protagonizaba el archiconocido best-seller de Follet.
Leo hoy en ‘El Cultural’, en el artículo que escribe Luis María Ansón en el espacio ‘Primera palabra’, la forma en que un periodista y académico —Ansón— defiende a otro colega también periodista y académico —Juan Luis Cebrián—, fundador de ‘El País’ y su director durante doce años.
Ha caído en mis manos un libro deliciosos (a veces uno tiene suerte), uno de esos libros sencillos y cortos, pero que se lo recomendarías a cualquiera. Es además un libro con ilustraciones, lo que hará aún más agradable todavía, el tiempo que pasemos delante de él.