Mis Lecturas - 11
ACABO DE LEER:
“Nocilla Dream”, de Agustín Fernández Mallo (A Coruña, 1967). Prólogo de Juan Bonilla.
¿Qué es el postmodernismo? Por simple asociación de vocablos ‘lo que viene tras el modernismo’. El modernismo o movimiento modernista pasó. Fue con el que se conoció a la literatura escrita en castellano entre 1880-1910, principalmente la poesía. Si se hubiese dado en nuestros días posiblemente estaríamos hablando de ‘boom literario’. No me gustan los ‘post’ o los ‘after’ con que he leído se refieren los críticos al caso de Fernández Mallo
Pretendo resaltar que en literatura de modo especial hemos sido muy propensos a hablar de booms o generaciones. En los últimos años hemos tratado, por ejemplo, de una generación, entre otras, —la de los 80— que nos trajo libros como Historias del Kronen, de José Ángel Mañas, cuya aparición vino acompañada de una gran parafernalia mediática producida por la SORPRESA inesperada que produjo en la crítica aquel fenómeno literario.
Me temo que algo similar ha ocurrido ahora con Nocilla Dream y su gran acompañamiento mediático, que nos presenta a la generación ‘Nocilla’ o ‘Afterpops’ y a su principal exponente, al parecer “Nocilla Dream”, con calificativos tales como nueva literatura, de escritura fragmentaria, de lenguaje más técnico y científico, de despreocupación por los personajes, de interés por la sociología, de mezcla de poesía, novela y ensayo de modo natural, de actitud más abierta y transgresora.
Un libro que viene rodeado de estas alabanzas a coro por casi la práctica unanimidad de críticos conocidos, personalmente me hace estar algo a la defensiva y tratar de analizar la novela de modo más atento y desde un punto de vista lo más racional posible. En literatura está todo inventado, sobre todo en narrativa.
Veamos algunos aspectos.
Escritura fragmentaria. Se da efectivamente pero esto no es nada novedoso en literatura, es un rasgo estilístico ya utilizado en el pasado por la literatura norteamericana en general y alguna europea. Se me ocurren a bote pronto: “Crónicas de Motel”, del estadounidense Sam Shepard, fragmentos o flashes cortos de recuerdos personales, autobiográficos, que te dejan la sensación de ir transitando por una carretera a bordo de un coche, asistiendo a episodios trágicos, divertidos, a poemas en alguno, en los que aparece una buena dosis de ternura, y “La Vida, Instrucciones de Uso”, del francés Georges Perec, que es todo un complejo edificio de relatos trabados. Por no hablar de “Rayuela”, de Cortázar. Por aquí, pues, un estilo ya explorado anteriormente.
¿Y la prosa? Pues la prosa es una prosa corriente, sencilla, circunstancia que encuentro extraña viniendo de un poeta con varios poemarios firmados.
No existe un único hilo conductor de la historia, que no forma una unidad sino fragmentos independientes, ya se ha dicho. A menos que se quiera fijar como hilo conductor de la historia el árbol impertérrito y solitario existente en mitad del desierto de Nevada, que se contempla desde la carretera US50 y que une las localidades de Carson City y Ely, de donde cuelgan decenas de zapatos y zapatillas usadas, abandonadas por los propietarios originales a que se refieren algunos fragmentos del libro.
Una sensación muy común en la lectura del libro será para algunos la velocidad con que se circula por la novela, con la impresión de no saber exactamente adónde vas. Es posible que haya lectores que sean capaces de ver belleza y momentos álgidos que suelen pasar por lo general desapercibidos.
Hablarnos de la no resolución definitiva a la fecha de problemas de un ordenador (no reconocer rostros o leer textos escritos a mano, que el hombre realiza fácilmente); de la deficiencia de interconexiones en la red de transmisión de datos de alta velocidad; de la encriptación de transmisiones por Internet para que no sean leídas por extraños; facilitarnos trece constantes físicas de interés, con su formulación matemática; etc.; resulta muy interesante de conocer, pero a muchos lectores quizás les sepa a demasiada fritura de literatura y ciencia juntas. Y conste que me considero modestamente un lector con cierto nivel formativo en algunos de los campos mencionados.
Si se me preguntasen, así de sopetón, ¿recomendarías la lectura de este libro a todos tus amigos?, mi respuesta sería quizás, no a todos, no, a algunos solamente.
Cuando empiezas con la lectura, el libro te sorprende —y esto creo que es lo que le ha ocurrido a la crítica especializada a la que me refería al principio, que se ha encontrado con un fenómeno INESPERADO. Sí adviertes de inmediato que no se trata de una novela muy común, eso sí. Es un buen libro, sin duda, eso no se puede negar, pero habrá que esperar a leer los dos que faltan que compondrán la trilogía anunciada del ‘Nocilla Proyect’ para poder valorar con más conocimiento de causa a este escritor, que hace con esta obra su primera incursión en la novelística.
HE EMPEZADO A LEER:
“Nos Espera la Noche”, de Espido Freire (Bilbao, 1974) y
“La Ofensa”, de Ricardo Menéndez Salmón (Gijón, 1971).
