El Silencio: Como se Hizo la Foto
“El Silencio”. Un título sugerente para un relato que lanza un guante retándonos a un duelo de imaginación.
Después de leerlo he de confesar que respiré aliviado porque, al menos, nos ofrecía la posibilidad de elegir entre distintas armas con las que batirnos.
El arma del propio silencio, quedó descartada porque, de no apuntar bien, corríamos el riesgo de recibir una herida de muerte.
A punto estuvimos de elegir el arma de una imagen marinera mostrada a través de una ventana. Pero lo que podía recibir una herida de muerte en este caso era nuestro orgullo, porque lo que se ve desde mi ventana, entre otras cosas, es una de las ventanas de la casa de Jesús.
Dejamos sin abrir la caja que contenía el arma de una tormenta en altamar. Sobran comentarios.
Llegados a este punto elegimos el arma que por proximidad podía darnos alguna oportunidad de salir airosos de la contienda.
Recogido el guante y elegidas las armas, nos dirigimos al campo del honor. En esta ocasión no se trataba de un amanecer en un solitario bosque brumoso, sino un concurrido puerto deportivo en una soleada mañana de otoño.
Sacamos varias fotografías de los barcos descansando en sus respectivos amarres y de otros que estaban siendo reparados en dique seco. Vimos que salían a navegar varias embarcaciones así que nos pusimos a pasear por el espigón hacia el faro para verlas mejor.
He visto a Jesús realizar todo tipo de cabriolas, estiramientos y encogimientos cámara en mano. Se ha puesto a disparar subido a una columna de madera, en medio de la carretera, e incluso bajando por un pequeño acantilado. Pero verle sacar fotos con dos niños de cuatro años encima, fue todo un espectáculo. Como siempre que se quiere conseguir algo de un niño hicimos lo que hay que hacer en estos casos: negociar. El precio fue un helado con el que pusimos fin a la jornada, saliendo ilesos, eso espero, del emocionante duelo al sol.
