El Hombre Tranquilo: Como se Hizo la Foto
30-septiembre-2007Carlos Delgado
¿Qué imagen puede acompañar a un texto que lleva por título “El hombre tranquilo”? Evidentemente un hombre tranquilo. Esta vez sí que ha sido fácil obtener un primer boceto imaginario. Igualmente fácil se suponía su realización pero la verdad es que no lo fue tanto.

Ayer llegué a casa de mis padres a las 18:30 de la tarde. Llegué cansado pero con la certeza de que aún debía sentarme un rato al ordenador, a responder unos cuantos mails, revisar algunas cosillas y volver a responder mails. Mis padres se hallaban en la sala, con la persiana subida hasta arriba, penetrando en el pequeño habitáculo una gran claridad solar. La televisión no estaba encendida, algo extraño, teniendo en cuenta que es uno de los mayores elementos de ocio para mis septuagenarios progenitores.
Este pasado domingo, leyendo 
Acabo De Leer:
El encabezamiento del artículo puede dar la impresión de que es algo así como un sermón acerca de principios morales. No, no se asusten. No va de nada de eso. Quiero hacer hoy una reflexión sobre los comienzos de novelas y cuentos que me llamaron la atención, de aquellos en que el autor me agarró de entrada por las solapas para que no me marchase y siguiera leyendo.
Como buen martes, en narrador.es os presentamos la biografía de Mercedes, quien gusta firmar como Mise (de Misericordia López Arquejo, una niña protagonista de una historia que escribió la propia Mercedes hace tiempo), la nueva Narradora que debuta este jueves en este espacio con una preciosa pieza titulada ‘El Hombre Tranquilo’, un relato que refleja brillantemente, en apenas folio y pico, la vida de una familia emigrante española.
La necesidad de demostrar nuestros sentimientos a aquellos que en vida hemos amado, respetado u odiado, nos lleva muchas veces a expresar esos sentimientos mediante los epitafios. Algunos de los cuales son verdaderas maravillas literarias y otros, aunque sólo sea por qué derrochan ironía y humor, son dignos de ser leídos.
Vivimos una época en la que nos queda poco tiempo para nosotros mismos. Bueno, estoy utilizando la primera persona del plural porque considero que es un fenómeno generalizado, aunque quizá alguien de los que habitualmente se deja caer por aquí tiene la suerte de dedicarse diariamente un tiempo para su disfrute. Yo, a pesar de ello, trato también de buscar y dejar un hueco para mi disfrute, para desconectar de compromisos laborales, sociales e incluso familiares. Un espacio para estar yo conmigo mismo, escuchando el último disco de Air o para degustar las páginas del último libro que tenga entre manos (en este caso, Éxtasis, de Irvine Welsh, como