Hacia el Umbral de la Noche
Dicen que murió mientras dictaba a su mujer, María España, unas notas para su columna periodística diaria. Puede ser, y si realmente murió con las botas puestas, creo que mi admiración por lo que representó literariamente Francisco Umbral, aumentará con creces.
Francisco Pérez Martínez tenía 72 años y todavía mucha prosa en sus entrañas, pero la fatalidad hizo que el 28 de agosto falleciera de una parada cardiorrespiratoria.
A sus espaldas quedan cientos de líneas y de ideas, convertidas unas en libros y otras en artículos periodísticos. Entre sus obras cabe destacar “Las Ninfas” (1975), “Mortal y Rosa” (1975) o “Trilogía de Madrid” (1984); y de sus colaboraciones periodísticas, las que realizó en El País, Diario 16 o El Mundo.
Y fue precisamente en un periódico donde inició su aventura dorada con las letras, ya que en El Norte de Castilla de la postguerra comenzó su andadura periodística, avalado por Miguel Delibes, entonces director del periódico.
Se declaraba a sí mismo como autodidacta, ya que sólo fue a la escuela hasta los diez años, lo que no supuso un impedimento para que en la España de los cincuenta y sesenta compartiera tertulia literaria en los círculos culturales de Madrid, con personajes de la talla de Camilo José Cela.
Fue siempre una persona abierta y expuso sus inquietudes políticas sin temor. Se declaraba de izquierdas, pero las malas lenguas dicen que estaba más cerca de las ideas del PP que de las del PSOE.
Y fue su franqueza (y quizá un ataque de egomanía) lo que le llevó a decir aquello de “yo he venido a hablar de mi libro” en el recordado programa conducido por Mercedes Milá. Por eso espero que a partir de ahora se le recuerde más por sus palabras escritas que por las habladas.
