Yo, Traidor
Corre el año 2007, en pleno siglo XXI. Hemos dejado de escuchar el escandaloso teclear de las máquinas de escribir para dar paso al sutil sonido que produce el del ordenador. Escucho Trentemoller, vivo ejemplo de que el paso del tiempo va inexorablemente acompañado de una escandalosa e impune pérdida de las más entrañables huellas que nos ha dado la vida. La historia cada vez se escribe más rápido, ¿os habéis dado cuenta? Ha pasado de relatarse de siglos a décadas, de décadas a lustros, y ahora de lustros a años, meses, semanas, días, horas e incluso minutos.
Yo nací en el año 1977. Soy nieto de una generación a la que le implantaron una dictadura, e hijo de otra que tuvo la suerte de despojarse de ella y que no supo gestionar lo que significaba una época de transición. En fin, y con todos mis respetos, soy descendiente de varias generaciones políticamente fracasadas. Fracasadas pero luchadoras. Víctimas de una ingenuidad y una credulidad más que sonrojosa –palabra que no existe en el diccionario de la Real Academia, pero que me encanta y seguro que entendéis-, que creyeron que eso de que en el año 2000 los coches serían voladores y que tendríamos criados en formato robot en casa iba a hacerse realidad. Lo cierto es que el avance tecnológico va rápido, sí, exageradamente rápido, pero sabéis qué, yo todavía sigo comiendo lentejas, gracias a Dios. Avanzamos, sí, pero no tan rápido como habían pronosticado todos los Nostradamus modernos que contaminan nuestra tranquilidad.
Hoy, por fin, después de mucho tiempo aletargado, he despertado. He mirado a mi alrededor, es un ejercicio tan sumamente productivo en ocasiones como absurdo en otras, y me he dado cuenta de que estamos viviendo el futuro, sórdido para unos y adecuado para otros, y me he sentido especial. Me he sentido un privilegiado de la historia. De la vida. Todo eso de la ciencia y la tecnología, la música, viajar… no sé, y es que yo crecí viendo a Julia y los niños de Verano Azul cantando aquello de “del barco de Chanquete no nos moverán”, y eso que yo soy todo un romántico de las tradiciones más mundanamente cotidianas, pero. Hoy me he sentido así y me he visto arrastrado por eso que llaman modernidad, y atrapado en un ser que no era yo. Traidor. Escuchando el esponjoso sonido de las teclas de mi computadora al escribir mientras mi cuaderno y mi pluma lloran mi ya habitual ausencia.
Narración: Rafael Rubio
Ilustración: Jesús Prieto
