Literatura y Erotismo
Me apresuro a decir que no existe una “gran” literatura erótica, pero sí que existe erotismo presente en grandes obras literarias. Es más, una novela, un relato, un cuento, está más conseguido, es más “redondo” cuantas más experiencias nos transmita, incluida la erótica.
Hay que decir que hablaremos aquí de erotismo, no de pornografía, entendido aquel como un enriquecimiento estético del acto sexual, sexo y placer incluidos, aunque dotándolo de una teatralidad, de un decorado, y añadiéndole una dimensión artística. Por decirlo de otra forma, en el género de literatura erótica el escritor insinúa, deja entrever, sugiere siempre de manera sutil, en tanto que en la pornográfica el autor narra y describe abierta, cruda, detalladamente. En el fondo es el lector el que determina qué es erotismo para él fijando el límite en una escala lineal imaginaria que comenzaría con erotismo e iría avanzando lentamente hasta llegar a pornografía.
Durante siglos distintos estamentos políticos o religiosos han pregonado que erotismo y pecado eran la misma cosa. En la católica España hemos sido testigos históricos en el pasado y testigos presentes en los últimos años, de las represalias y prohibiciones, rechazos y condenas, que hemos sufrido en esta materia. Los pensadores revolucionarios franceses eran escritores eróticos, por ejemplo Denis Diderot, que dirigió la redacción y publicación de “L”Encyclopédie”. Él y otros escritores revolucionarios, Voltaire, Montesquieu, Rousseau…, utilizaban estos textos, entre otros, como un arma de protesta contra la autoridad establecida y como parte de la lucha por la transformación de los derechos humanos y sociales en general.
Todo aficionado a la literatura habrá captado el erotismo presente en obras conocidas universalmente. ¿Quién no lo ha sentido al leer el “Cantar de los cantares” contenido en La Biblia? ¿Quién no al leer los cuentos de “Las mil y una noches”? Nadie negará que el erotismo está latente en “El Decayeron” de Boccaccio. La obra maestra del teatro clásico español, “La Celestina”, de Fernando de Rojas, no es una obra erótica porque no trata específicamente de esto, pero el erotismo tiene en ella un papel muy importante. Muchos podemos ver erotismo, yo al menos, en fragmentos de obras de poetas alejados de este género. Así, Rubén Darío, poeta insigne, autor de “Azul”, tiene bellos poemas con versos repletos de erotismo. De uno de ellos extraemos:
“Gozad de la carne, ese bien
que hoy nos hechiza,
y después se tornará en
polvo y ceniza.”
Y antes, el Arcipreste de Hita afirmaba que Aristóteles decía que:
“El mundo trabaja por dos cosas, la primera
por haber mantenencia, la otra cosa era
por haber juntamiento con fembra placentera.”
El erotismo es consustancial a la naturaleza humana. El ser humano es un animal erótico. La madre Naturaleza lo ha programado especialmente para ello. No tiene períodos de celo como otras especies animales. En tiempos antiguos, podemos detectar erotismo en obras de Homero, Platón, Sócrates, Aristóteles, en la poesía de Safo y Cátulo, en San Agustín,… En algunas literaturas nacionales se han hecho célebres algunos textos, por ejemplo, en la india, el “Kamasutra”, de Mallanâga Vâtsyâyana, que durante muchos años estuvo prohibido leer en nuestro país y no pudimos acceder a la obra de forma completa hasta hace poco tiempo.
Mucha gente quizás ignore que el idioma francés se formó como lengua literaria a partir de Rabelais y, más tarde, del marqués de Sade. Los términos eróticos y sexuales empleados en francés son de una precisión y refinamiento extraordinarios. En nuestra lengua esos términos son más pobres, menos precisos y muchos de ellos parecen malsonantes a nuestros oídos después de siglos de represión e hipocresía. Por ejemplo, al que quiera experimentar esto que dejo reflejado puede hacerlo con “Les onze mille verges”, obra de Guillaume Apollinaire, pero debería leerla en versión original francesa si es posible.
Se previene en el enlace, por ser de dominio público, que el contenido no es apto para personas menores de 18 años. Existe la traducción al español en la Web citada. Hay quien opina que esta obra supera en crudeza a las del Marqués de Sade, pero es literatura erótica y humorística unida. Apollinaire fue amigo de Picasso, a quien nadie puede negar, cuando menos, cierta vena artística, y éste llegó a afirmar que la obra era lo mejor que se había escrito en literatura erótica. Apollinaire dirigió y prologó en Francia la colección “Les maîtres de l”amour” (“Los maestros del amor”) de forma muy irónica y erudita.
¿A quién podemos referirnos además cuando hablamos de erotismo en literatura? Reseñaremos algunas obras y autores destacados, en que están reflejadas distintas concepciones del erotismo, desde el terror sexual de Sade hasta la ética de los deseos locos de Miller:
La alfombrilla de los goces y los rezos, de Li, Yu.
Les onze mille verges, de Guillaume Apollinaire, ya citada.
Justine, del Marqués de Sade.
Memorias de Fanny Hill, de John Cleland.
Las Venus de las pieles, de Sacher-Masoch.
La historia del ojo, de Georges Bataille.
Trópico de Capricornio y Opus pistorum, de Henry Miller.
El cuaderno negro, de Lawrence Durrell.
El amante de lady Chatterley, de D. H. Lawrence.
Las amistades peligrosas, de Pierre-Ambroise Choderlos de Laclos.
La casa Tellier y otros cuentos eróticos, de Guy de Maupassant.
Un corazón sencillo, de Gustave Flaubert.
Lolita, de Vladimir Nabokov.
Elogio de la madrastra y Los cuadernos de don Rigoberto, de Mario Vargas-Llosa.
Podríamos continuar hablando de este tema del erotismo más ampliamente. Es un tema que cabría clasificar globalmente dentro del AMOR, que junto con el de VIDA y el de MUERTE, son universales y comunes en sentido amplio en todas las novelas, cuentos, relatos, etc., que se han escrito y escriben en el mundo. Según algunos autores no hay más sobre lo que escribir. Son temas únicos.
Queremos volver a insistir en que todos estos autores que han incluido en sus obras el erotismo han sido fervientes defensores de la libertad tanto individual como literaria.
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