La Literatura y la Montaña (I)
Hoy me ha venido a la memoria una palabra que me ha permitido realizar un examen mental y de análisis retrospectivo de autores y novelas o cuentos que están relacionados con esa palabra: MONTAÑA. De este modo, han emergido desde su escondite en rincones de mi cerebro el Kilimanjaro, el Fujiyama, Los Andes peruanos, Los Alpes suizos, una montaña humana, etc. Y he vuelto a caer en la tentación de seguir estableciendo parejas literarias, asociando al escritor con su cordillera, montaña o monte. ¡Manías que tiene uno!
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Ernest Hemingway y el Kilimanjaro. Como se sabe, es la montaña más alta de África, con 5.895 metros de altitud. Su cima se ha quedado prácticamente sin nieve y aseguran los científicos que en quince años la nieve habrá desaparecido por completo.
Hemingway escribió una novela titulada “Las nieves del Kilimanjaro”, llevada al cine e interpretada en sus principales papeles por Gregory Peck, Susan Hayward y Ava Gardner y dirigida por Henry King. La novela, como se recordará, es una serie de relatos en que el autor abre su alma para contarnos con una prosa directa los miedos e ilusiones del ser humano ante los peligros, la muerte y la vida.
Ya en otro matrimonio anterior de “Literatura y…” me referí a la teoría de algún estudioso que afirma que en todo relato se cuentan dos historias, la del primer plano (el hombre que va a jugar al casino) y la del segundo plano, oculta aparentemente a los ojos del lector (el suicidio posterior). El caso que expuse fue la anécdota de Chejov, anotada por él en un cuaderno, que decía: Un hombre, en Montecarlo, va al casino, gana un millón, vuelve a casa, se suicida.
Entonces dije, y repito ahora, que la teoría me resultaba interesante. En “Las nieves del Kilimanajaro”, en el capítulo denominado “El río de los dos corazones” puede el lector curioso comprobar si esta teoría le resulta plausible y ver en primer término, en apariencia, el relato de una simple y festiva jornada de pesca, y en segundo, como trasfondo, sin percibirse apenas, los efectos devastadores de la guerra. O sea, lo que Hemingway llamaba la teoría de la punta del iceberg, que consiste en situar el tema principal en último plano y destacar en primer término alguna escena secundaria, es decir, se ve la “punta”, pero el resto está bajo superficie.
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Yasunari Kawabata y el monte Fuji. El Fujiyama, como se conoce en occidente. Fue el primer japonés ganador del premio Nobel de Literatura, en 1968. Se suicidó tres años después.
He escogido para este artículo sobre montañas una recopilación de cuentos con el nombre de “Primera nieve en el monte Fuji”. Los cuentos son una ventana abierta al mundo doméstico de la postguerra japonesa y una reflexión destilada sobre los sentimientos y contradicciones humanas, sobre el ser, las incógnitas de la belleza y el silencio. Están escritos con una inteligencia inquisitiva y con mucho sentido del humor.
La colección comprende los cuentos: “En aquel país. En este país”; “Una hilera de ginkgo”; “Con naturalidad”; “Gotas de lluvia”; “El crisantemo en la roca”; “Primera nieve en el monte Fuji”; “Sin palabras”; “Lo que su esposo no hacía” y “Un pueblo llamado Yumiura”.
Otras obras del maestro japonés son: “La bailarina de Izu”, “El sonido de la montaña”, “La casa de las bellas durmientes” (que recomiendo encarecidamente al lector que se acerque a estas líneas), “Lo bello y lo triste”, etc.
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Ilustración: Jesús Prieto
