Editorial Narradores

Literatura Y Suicidio (y IV)

4-abril-2007Antonio Senciales

Fotografía de barbitúricosCesare Pavese. Ita­liano. Pen­sa­dor, escri­tor, tra­duc­tor y crí­tico. Tra­dujo desde clá­si­cos de toda la vida (como “Moby Dick”, de Mel­vi­lle) hasta Dos Pas­sos, Faulk­ner, Defoe, Joyce y Dickens. Comul­gaba con ideas izquier­dis­tas, aun­que antes de eso militó en el fas­cismo. Pro­puso a la cul­tura ita­liana escri­tos sobre temas dife­ren­tes, y rara­mente abor­da­dos ante­rior­mente, como el idea­lismo y el mar­xismo, y temas reli­gio­sos, etno­ló­gi­cos y sicológicos.

Durante toda su corta vida (42 años) trató de luchar con­tra la sole­dad inte­rior, que enten­día como una con­dena y una voca­ción. Un males­tar exis­ten­cial envol­vió siem­pre su vida. La muerte de su padre le causa su pri­mer trauma, teniendo él seis años de edad, y su madre le educa de manera rígida. Se interesó por la lite­ra­tura nor­te­ame­ri­cana. Se licen­ció en la uni­ver­si­dad con una tesis sobre Walt Whitman.

Su segundo trauma lo sufre al ver que la mujer a la que amaba se había casado tras vol­ver el escri­tor de su con­fi­na­miento por acti­vi­da­des anti­fas­cis­tas. La angus­tiosa sen­sa­ción de fra­caso, unida a pro­ble­mas al pare­cer en el plano sexual, lo acom­pa­ñará hasta la muerte. Se le dis­pensa de su incor­po­ra­ción al ejér­cito por el asma que padece.

Su males­tar exis­ten­cial lo lle­van al sui­ci­dio en Turín en 1950.

Su pri­mera obra narra­tiva válida es “La cár­cel” (cár­cel de la sole­dad). “Tus pue­blos” llama la aten­ción de la crí­tica, que inter­preta la obra como una mani­fes­ta­ción de rea­lismo. Escri­bió tam­bién “La luna y la fogata”, “El com­pa­ñero”, “La casa de la colina”. Nos dejó asi­mismo obras poé­ti­cas como “Tra­ba­jar cansa” y “Ven­drá la muerte y ten­drá tus ojos”.

Con­clu­sio­nes:
Muerte de su padre siendo un niño, edu­ca­ción rígida en su infan­cia, sus desen­ga­ños amo­ro­sos, drama de sus ami­gos muer­tos durante la II Gue­rra Mun­dial (él no par­ti­cipó), su timi­dez y sole­dad, son las prin­ci­pa­les notas que debie­ron influir en su deci­sión final de qui­tarse la vida sui­ci­dán­dose tan joven.

Tho­mas Mann. Escri­tor ale­mán. Fue Pre­mio Nobel de Lite­ra­tura. Ha sido uno de los nove­lis­tas más impor­tan­tes del siglo XX.

Entre sus nove­las más cono­ci­das figu­ran “La mon­taña mágica” y “Muerte en Vene­cia”.

La mayor parte de su obra está escrita en ale­mán, aun­que escri­bió tam­bién en inglés y fran­cés. La decla­ra­ción de amor en fran­cés que hace Hans Cas­torp a Clau­dia, en “La mon­taña mágica”, es a mi jui­cio la más grande decla­ra­ción de amor de la lite­ra­tura universal.

Defen­sor ini­cial­mente del nacio­nal­so­cia­lismo ale­mán, se con­vir­tió final­mente en un fer­vo­roso anti­fas­cista. Tra­bajó como repor­tero durante la gue­rra civil española.

La preo­cu­pa­ción por la pér­dida de los valo­res mora­les fue una cons­tante en muchos momen­tos de su vida y su acti­tud pesi­mista ante los acon­te­ci­mien­tos polí­ti­cos de su época, el miedo a la gue­rra, la difi­cul­tad de escri­bir en otro país (EE.UU.) y en otro idioma que no era el suyo, el can­san­cio por seguir luchando, le lle­va­ron en mayo de 1948 a un intento de sui­cido al abu­sar de la toma de bar­bi­tú­ri­cos. El deseo de muerte fue fre­cuente en la fami­lia Mann.

En mayo de 1949 tomó una sobre­do­sis de som­ní­fe­ros y falle­ció tras estar vein­ti­cua­tro horas inconsciente.

Con­clu­sio­nes:
En el caso de Mann se repi­ten las viven­cias de otros escri­to­res que se sui­ci­da­ron influen­cia­dos por el medio social, aumen­ta­das en su caso por las difi­cul­ta­des de su labor pro­fe­sio­nal, el pano­rama polí­tico que le tocó vivir y el deseo de muerte de su entorno familiar.

*****

En muchos pue­blos paga­nos el sui­ci­dio estaba con­si­de­rado un acto hono­ra­ble y res­pe­ta­ble. El filó­sofo griego Empé­do­cles se sui­cidó sal­tando den­tro del crá­ter del vol­cán Etna. Séneca lo hizo abrién­dose las venas. El gene­ral, tras la pér­dida de la bata­lla se dejaba caer sobre la espada. En el siglo XX el samu­rai japo­nés se hace el hara­quiri como peni­ten­cia por un acto imper­fecto. Hasta hace poco se con­si­de­raba un honor que el capi­tán se hun­diese con el barco.

En los escri­to­res, per­so­nas per­te­ne­cien­tes al mundo de la cul­tura, nor­mal­mente inte­li­gen­tes, ¿puede influir incons­cien­te­mente esta tra­di­ción secu­lar del sui­ci­dio, que se remonta a siglos, cuando se pre­sen­tan difi­cul­ta­des vitales?

Según los psi­quia­tras los fac­to­res de riesgo para el sui­ci­dio son: tras­tor­nos del estado anímico (depre­sión, psi­co­sis maníaca, que­jas afec­ti­vas, etc.); alcoho­lismo y sus­tan­cias opiá­ceas y cocaína, en menor grado; esqui­zo­fre­nia (per­cep­ción desor­ga­ni­zada y alte­rada de la reali­dad: se oyen voces no reales que con­du­cen al sui­ci­dio); tras­tor­nos de la per­so­na­li­dad (se pro­duce una dis­mi­nu­ción del coe­fi­ciente inte­lec­tual); sín­dro­mes men­ta­les orgá­ni­cos (demen­cia y enfer­me­dad de Parkinson).

¿Influ­yen en el sui­ci­dio fac­to­res gené­ti­cos, de orden here­di­ta­rio? De los casos ana­li­za­dos, en Qui­roga y Heming­way se dan. ¿Pudo ser así?



2 Comentarios en “Literatura Y Suicidio (y IV)”

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  1. Patricia Díaz Vidal dice:
    4 abril 2007 19:22

    Con­si­dero al escri­tor como una per­sona con una ele­vada nece­si­dad de des­fo­gue, de eva­cua­ción de todo lo que lleva den­tro, supongo que con dema­siada fre­cuen­cia esta nece­si­dad puede desem­bo­car en frus­tra­ción, en impo­ten­cia o con­fu­sión. Me da que el escri­tor se hace dema­sia­das pre­gun­tas para estar vivo… Un saludo, Antonio.

  2. Antonio Senciales dice:
    4 abril 2007 22:04

    Tam­bién yo a veces me hago pre­gun­tas. De esta forma he deci­dido que otras pare­jas de ‘Lite­ra­tura y…’ pue­den ser menos tris­tes que ‘Lite­ra­tura y sui­ci­dio’, aun­que con ésta han salido a relu­cir obras de gran­des auto­res, que me han recor­dado sen­sa­cio­nes, casi siem­pre gra­tas, sur­gi­das en mis pri­me­ras lec­tu­ras de estos auto­res.
    Encuen­tro más diver­ti­dos otros matri­mo­nios que irán apa­re­ciendo en sema­nas veni­de­ras: ‘La Lite­ra­tura y la mon­taña’, ‘Lite­ra­tura y enemis­tad’ (muy diver­tida en cier­tos aspec­tos y tris­tes en otros, como p.e.: el enfado (puñe­tazo incluido) de Var­gas Llosa con Gar­cía Már­quez), ‘Lite­ra­tura y aje­drez’ (extraña pareja, que me sor­pren­dió gra­ta­mente, ya verán por qué). Me he dis­traído reco­rriendo lec­tu­ras de toda la vida, pero ejer­ci­tán­dome en el juego de las pare­jas, que me ha resul­tado gra­ti­fi­cante e ins­truc­tivo. He con­se­guido armo­ni­zar 18 pare­jas indi­so­lu­bles a mi jui­cio. Espero no can­sar a los lec­to­res. No escri­biré más sobre ellas. Me dedi­caré en ade­lante al relato o al cuento, sin des­car­tar los artícu­los de opi­nión sobre lite­ra­tura de cuando en cuando.

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