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Literatura y Suicidio (I)

Foto de un vaso tumbadoDebe ser casualidad, coincidencia, pero he observado hace tiempo que algunos escritores que me han gustado siempre, han dado fin a sus vidas de forma dramática: suicidándose.

Hablo de Horacio Quiroga, Virginia Wolf, Ernest Hemingway, Cesare Pavese, Thomas Mann… De otros que me ha agradado leer su obra, lo intentaron en repetidas ocasiones, sin conseguirlo, como Guy de Maupassant. De algunos más recuerdo algún detalle de su vida literaria, siendo uno de los casos el de Mariano José de Larra por su famosos artículo “Vuelva Usted Mañana”, que se suicidó asimismo.

Horacio Quiroga ha sido un maestro consumado del cuento moderno. Nacido en Uruguay, vivió buena parte de su vida en Argentina, confinado en la selva. El drama fue una constante en su vida. Drama en forma de suicidio, que afectó a su padre, a su padrastro, a su amigo Federico, a su esposa Ana María, a él mismo, a su otro amigo Leopoldo Lugones (poeta y también cuentista como Quiroga), a su hija mayor Eglé y, finalmente, a su hijo Darío. No tengo conocimiento de ningún caso similar en el mundo literario, salvo el de Hemingway, que comentaremos más adelante.

Cuando Horacio contaba tres meses de edad su padre moría de un disparo accidental de escopeta al bajar de una embarcación.

Su madre volvió a casarse y su padrastro, al que aceptó Horacio de buena gana, sufrió un derrame cerebral, se quedó sin habla y en su desesperación se suicidó disparándose en la frente con una pistola. Horacio tenía cinco años.

Al revisar el revolver de su amigo Federico Fernando, que iba a batirse en duelo, a Horacio se le escapó un tiro que impactó en la boca de su amigo, muriendo este instantáneamente.

Su esposa Ana María, no adaptada a la vida en la selva que llevaba el matrimonio, pidió a su esposo Horacio regresar a Buenos Aires, si no con él, al menos sola. Ante la cerrada negativa del escritor a ambas posibilidades, Ana María, depresiva, se suicidó con veneno, falleciendo tras ocho días de espantosa agonía.

En una etapa de su vida, Horacio es diagnosticado de cáncer de próstata en estado avanzado e incurable. Corre el año 1937 y ante tal situación bebe un vaso de cianuro que lo mata en pocos minutos entre espantosos dolores.

Su amigo Leopoldo Lugones se suicida un año después bebiendo un vaso de güisqui con cianuro.

Por las mismas fechas, Eglé Quiroga, hija mayor de Horacio, se suicidó también.

Y en 1951 hace lo mismo su hijo Darío en un arranque de desesperación.

Se queda uno sin palabras, realmente impresionado, mudo, escribiendo este pequeño, pero terrible bosquejo de la vida de un escritor, cuentista perfecto para mí, al que admiro desde hace tiempo.

Fue un lector obsesivo de poe y de Maupassant. Se sintió extrañamente atraído por temas teñidos de horror, enfermedad y sufrimiento (”Cuentos de Amor, Locura y Muerte”).

Sufrió la influencia de Kipling en “Cuentos de la Selva”.

Es muy conocido para los amantes del cuento su “Decálogo del Perfecto Cuentista”.

Prosa sencilla y clara, con pocos adjetivos, son alguna de sus notas características.

Cuando le leí por primera vez me gustó “A la Deriva”, por la maestría con que está escrito el cuento. Me sorprendió por su ternura el relato “La Tortuga Gigante”.

Tiene muchos cuentos de calidad además de estos y parece que cobra actualidad después de haber estado, en mi opinión, injustamente olvidado muchos años.

¿Pudo estar la muerte de Horacio Quiroga influenciada por la de su padre, padrastro, madre, amigos? ¿Pudo deberse a la naturaleza de los extraños temas que le obsesionaban para sus cuentos y relatos? ¿Se debió acaso al influjo de la lectura de textos de Poe (depresivo, alcohólico, que sufría alucinaciones, desvaríos y que se vio afectado probablemente por el delirium tremens, aunque se duda de la causa cierta de su muerte al día de hoy, pudiendo haber sido por diabetes, deficiencias enzimáticas e incluso rabia)? ¿O la de Maupassant (con tres intentos de suicidio fallidos)?

Todas son preguntas de difícil respuesta, pero que no he dejado de hacerme en determinadas ocasiones

Antonio Senciales  

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Narrado por Antonio Senciales el 14-03-2007 [7 Comentarios]

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7 Comentarios

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  • 1.- Narrado por bydiox el 15-03-2007

    Da la casualidad de que Larra me encanta y que hace un par de años trabajé en un trabajo llamado “Actualidad y vigencia de los Artículos» de Larra” y más o menos me convertí en un mini-experto sobre el tema (creo que en un futuro haré un trabajo más serie sobre la materia…).
    Pero bueno, hubo una escena que me impactó mucho en su momento, una reconstrucción de cómo fue ese momento:

    “[...] ¡Se ha ido! ¡No la verá más! [a Dolores Armijo] Él no concibe ya la vida. El Siempre, el invencible Siempre lo anonada. Rabia, dolor, impotencia; rebeldía, contra lo invencible, lo supremo, lo inconcebible. Uno de esos momentos en que no hay cielo, ni aire… en que el mundo se abre, cortado a pico por un hachazo, y no tenemos dónde poner el pie. Se ha concluido todo… la locura invade el cerebro… no recuerda… no hay hijos… padres… gloria… nada. Es imposible vivir en el vacío. El alma se va… el alma corre, el alma vuela… la sigue… la acompaña… la anhela. Es el alma deseosa de escaparse la que lo guía… ¡Desdichadamente las pistolas están allí, en la caja amarilla! Son el remedio… no puede sufrir aquel dolor bárbaro de su corazón… Se aplica la pistola a la sien, sin fijarse en nada, loco, apresurado, pensando quizás que Dolores va a volver al oír la detonación y que va a revivir en brazos de ella… ¡Dispara! [...] Un quinqué iluminaba el fúnebre cuadro. Al caer había derribado el velador, periódicos, libros y papeles se habían esparcido por el suelo; un cristal del balcón se había roto y un helor glacial penetraba en la estancia: “Fígaro” yacía pálido, con los ojos cerrados; con una expresión de dolor y de amargura, que denotaba bien las últimas impresiones de su vida.
    Su cabello de ébano caía sobre su noble frente y hacía resaltar más la palidez. Apenas se notaba el orificio de entrada de la bala, apenas la sangre había salpicado la pechera de su levita y de su camisa. Se podría decir, en verdad, que descansaba.”

    [ «Fígaro». (Revelaciones, «ella» descubierta, epistolario inédito), págs. 245-246.]


  • 2.- Narrado por Antonio Senciales el 15-03-2007

    Me ha llamado siempre la atención este binomio de LITERATURA Y SUICIDIO porque los suicidas mencionados escribieron grandes obras y han pasado a la historia por su fama de excelentes creadores. No obstante, mi opinión es que el suicidio no tiene MÁS que ver con la literatura que el amor, el odio, la envidia, la traición, etc. Se podría escribir sobre La literatura y la envidia, la literatura y el amor, etc.

    La obra de estos autores (y de algunos más: Walter Benjamín, Yasunari Kawabata, etc.) no es mejor ni peor porque fueran suicidas. Fueron seres humanos que no pudieron o supieron superar sus traumas (enfermedad incurable, momento de desesperación, etc.). Hay mucha fantasía creada en torno al suicidio y normalmente no existen respuestas a estos actos cometidos por escritores, seres inteligentes, y cuando no existen lo mejor es inventarlas. Incluso se pretende examinar con lupa sus palabras escritas tratando de buscar explicaciones acomodaticias.

    En cierta ocasión leí que un suicidio no se planea, se comete. Cualquier psiquiatra sabe que un suicida –la mayor parte de ellos- no sabe que va a matarse hasta poco antes de cometer tal acto.

    Sólo conozco dos casos en que el FRACASO LITERARIO llevó a la tumba a escritores. Fueron los casos de Maiakovski y Alfonso Costafreda. En los demás fueron otras las razones. Estoy seguro de que mis amigos escritores aficionados a escribir no recurrirán a esta solución si no ven sus obras publicadas con el tiempo. Personalmente llevo mucho tiempo “sumido” en ese fracaso literario (por no haber tenido un éxito notable hasta ahora) y sigo vivito y coleando. El buen humor es un excelente acompañante en estos casos.


  • 3.- Narrado por antonio el 16-03-2007

    El suicidio acaba con la posibilidad del suicidio, cosa que pocas veces los suicidas tienen en cuenta. Para mí el suicidio es un acto absurdo, al que los que piensan que la vida es un absurdo, le dan excesiva importancia. Hablo del suicidio como aventura estética y como modelo de expresión, por supuesto no valoro ningún caso clínico ni real. Me llama mucho la atención el tema del suicidio de los viejos. ¿Cómo se llamaba aquel torero? No me sale. Ahí creo que adquiere mayor trascendencia. El suicidio de los adolescentes me parece un signo de rebeldía, una hipótesis plausible, siempre que no se materialice. El suicidio de los fracasados una estupidez. Y el de los triunfadores un gesto de mal gusto. Suicidios, hermosos suicidios, que de vez en cuando habría que practicar mentalmente.
    Un tema interesantísimo. La vida de Quiroga, según nos cuentas, Antonio, parece inverosímil, pero suele ocurrir con ciertas vidas “verdaderas”.


  • 4.- Narrado por Marina M. M. el 2-04-2007

    El sucidio es un acto de desesperación, el cual el suicida no piensa porque si lo hiciera probablemente no se suicidaría.
    A veces me gustaría sentir el dolor agonizante que los lleva a esta conducta. Aunque puedo entender el suicidio por una enfermedad grave, pero nunca el suicidio por otra causa. El dolor y la rabia pueden llevarte a cometer tonterías, pero el suicidio son palabras mayores.


  • 5.- Narrado por Narrador.es » Liter el 19-06-2007

    [...] En mis trabajos “La Literatura y los Ríos”, “Literatura y Suicidio”, etc., hemos tratado sobre algunos de ellos, por lo que nos vamos a detener hoy aquí sólo en dos figuras que han sobresalido poderosamente en el mundo de las letras en su época, rompiendo moldes y esquemas sociales: Óscar Wilde y Truman Capote. [...]


  • 6.- Narrado por aldana el 29-08-2009

    le falto decir que Pitoca, la hija que tuvo con Maria Elena Bravo, su segunda esposa, se suicido en 1980 a los 60 años.


  • 7.- Narrado por Antonio Senciales el 31-08-2009

    Gracias por la información y por su visita a la página.
    O no lo sabía o no lo recordaba.
    Saludos.




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