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¿Por qué no está la Llave en un Llavero?

Una llave sola en un bosque.Como anunciamos el pasado martes, os presentamos el primer juego de narrador.es: partiendo de la imagen anterior, se trata de responder a la pregunta “¿Por qué no está la Llave en un Llavero?“. Dejad volar vuestra imaginación.

(Recordar que hay que dejar las respuestas en el apartado reservado a los comentarios)

Valoramos la creatividad y originalidad. Se puede participar cuantas veces se desee. Se aceptarán respuestas hasta 15 días después de publicada la imagen. El vencedor deberá ampliar su respuesta hasta convertirla en un artículo de 15 o 20 líneas. El premio será el último libro de Paul Aster “Viajes por el Scriptorium”.

(Más información sobre el concurso en el artículo de presentación)

Fotografía: Jesús Prieto

 

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16 Comentarios

Narrador.es no asume responsabilidad alguna por las opiniones que los usuarios puedan expresar, ni las comparte necesariamente por el simple hecho de haberles proporcionado herramientas de divulgación y participación.


  • 1.- Narrado por sweetguille el 2-03-2007

    la bici avanzaba rapidamente botando ligera con cada una de las numerosas irregularidades del pedregoso camino. La abuela teresa la habia llamado con urgencia diciendole que fuera lo antes posible y que tragera la vieja llave gris y resplandeciente que desde que era niña había guardado en una caja de galletas; su tono por el auricular le había parecido muy extraño, la abuela nunca habia estado tan alterada y ella debido a esto había salido de casa a todo correr se había puesto el chubasquero de flores naranjas y, montada en la bici había partido lo más deprisa posible.
    Tan preocupada estaba por las extrañas noticias sobre la misteriosa caja de su madre que su abuela le había contado que no se percató cuando, en uno de los infinitos baches de aquel camino rural, la pesada llave de metal grisaceo se deslizo fuera del bolsillo del humedo chubasquer cayendo sobre la tierra mojada del camino.


  • 2.- Narrado por bydiox el 2-03-2007

    Estaba cansada del día a día, de la rutina que tras los año se había tornado en un trabajo insoportable. “Ya no puedo más”, se decía por las noches, cuando nadie la estaba mirando.
    Y un día, sin pensárselo dos veces saltó. Cerró los ojos y sin mirar abajo se desprendió de sus hermanas y cayó contra el duro suelo del camino que iba del bosque hacia el pueblo. Un leve sonido metálico y luego silencio y pasos que se alejan y el murmullo de la soledad y de la jubilación anticipada.


  • 3.- Narrado por Carlos Delgado el 2-03-2007

    Harta !
    Estoy hasta los mismísimos minipiés que tengo.
    Un día lo haré. Me cargaré de valor y lo haré.
    Quiero ver mundo, con este ojo, atravesado por un estúpido alambre.
    Estoy cansada de vivir entre pelusas, con unas compañeras con las que, por no tener brazos, no podemos ni jugar a las cartas. Sólo valgo para violar cerraduras y hacer agujeros en los bolsillos de los pantalones.
    Cuando viajo en bolsos, soy lo primero que apartan para buscar el móvil. Qué se habrá creído el tonto de los politonos. Antes era yo la protagonista.
    Cualquier día de estos.


  • 4.- Narrado por blues catanzzaro el 2-03-2007

    Tic-Tac
    Desde la ventana de su privilegiado dormitorio, Marina alcanzaba a ver las copas de los frondosos árboles que engalanaban el tupido bosque, más allá no existía nada.
    Se miró en el espejo renacentista que cubría la pared norte de su habitación, el vestido hecho a modo de encajes y volantes le hacía aparentar aún en los doce años, a pesar de haber llegado ya con éxito a los 25.
    Tras finalizar por millonésima vez el único libro del que disponía la gran biblioteca de la mansión familiar, se dijo entre susurros que quizás había llegado el momento…
    …el tiempo es el mayor invento del hombre, no existe, pero nos domina desde que nacemos hasta que morimos, dejándonos en el cuerpo horribles trazas que representan la única prueba de su existencia…
    Recitó esta frase escogida al azar del libro que hacía tiempo había quedado irreversiblemente grabado en su memoria.

    Marina se miró de nuevo en el espejo, esta vez sosteniendo en su mano izquierda el llavero que contenía un sinfín de llaves para abrir cada una de las puertas que daban vida a su prisión dorada. Con calma fue sacando una a una las llaves de la arandela a la que estaban sujetas, al tiempo que su dulce voz pronunciaba un sí o un no alternativamente. Cada una de estas llaves iban siendo arrojada a un lugar diferente del ancho bosque, en la última llave se dibujó una leve sonrisa en su rostro desfigurado por la ausencia de emociones.
    Sí - fue su última palabra.
    Ahora ambas manos, libres ya del peso de las más de cien llaves, se perdieron bajo su vestido para reaparecer con una caja de cerillas robadas quién sabe cuando de la cocina.

    El fuego comenzó lamiendo la cortina de la habitación más alta de la casa, y se desplazó con la misma resolución hacia el resto de las dependencias, con un ritmo casi de tic-tac de reloj devoró cada recodo y cada puerta, a su paso sólo las cenizas del tiempo…


  • 5.- Narrado por Vice Vhön Khamy el 3-03-2007

    A esta llave no le gustan las cárceles. Cuando las fabrican lo hacen pensando que han de abrir y cerrar miles de veces una misma cerradura, una misma puerta… ¿una misma cárcel?
    Pero a esta llave la hicieron con hierro dulce, no le gustan las cárceles y aunque durante un tiempo hizo su trabajo sin rechistar, el estar abrazada y a un tiempo prisionera en la fría argolla del llavero, fue más de lo que podía soportar. Desde el día en que fue encerrada en aquella anilla, con otras ocho llaves como compañeras de presidio, ya tuvo una mal relación con su carcelera. Su orificio era pequeño para el rudo aro y las fricciones entre ambos fueron habituales hasta casi hacer saltar chispas. Mucho sufrió la presa, pero también sufrió el carcelero que vio saltar su cromado y asomar a la intemperie su vil metal, aquel cobre que algunos confundían con dinero. Así que, el día que la llave se fugó, fue un descanso para aquel llavero. Y, entre tanto, ahí duerme la llave, encima de una piedra y a un paso del camino en el que se despidió de su oficio.


  • 6.- Narrado por Lupita Arciga el 3-03-2007

    ¿Por qué no está la llave en el llavero?

    ¿Y qué sé yo? ¿Acaso debo tener respuesta para todo? Es un simple pedazo de metal que únicamente tiene valor y sentido para quien la perdió. ¿Y quién sería la tal persona? Un estúpido, de seguro. O estúpida, que es lo más probable, dirán aquéllos, los del sexo fuerte. Atarantada, como siempre, habrá salido arreglándose el cabello, pintando sus labios, revisando llevar en su sitio: blusa, falda… ¡medias! Corriendo a la vez por la acera para alcanzar el autobús y llegar a tiempo a casa…


  • 7.- Narrado por Vice Vhön Khamy el 3-03-2007

    Para qué la querría llevar en el llavero. Aquella no era una llave como las demás, era la llave de tu corazón y, envuelta en terciopelo, yo la llevaba siempre junto al mío. Siempre me dijiste que aquel trozo de metal, prenda de nuestro amor, no tenía ninguna copia, pero un día hallé abierta aquella puerta a la gloria cuando, seguro estoy, yo la dejé cerrada. Tú hiciste más llaves y no sé, si por eso puedo culparte, mas lo hago por la infame mentira.
    ¿Cómo pudiste engañarme tanto tiempo?
    Ya no necesito tu amor, ya no necesito tu llave, la lancé lo más lejos que pude, donde nadie sepa de su significado y, entre tanto, a mi corazón ya le he cambiado el paño.


  • 8.- Narrado por BOLZANO el 4-03-2007

    Tú me dijiste que no tenía importancia, que eso era lo de menos, que mientras que estuvieran juntas todo valía,
    Yo te dije que aquel hilo era tan endeble como el que unía nuestra relación. Te negaste a aceptarlo; te volviste como loco y días después, ya sabes lo que pasó.
    Mis pomulos siguen amoratados, mi ojo derecho hinchado, y tú…,tú entre rejas, y es que como te dije, aquel llavero no aguantaría aquellas llaves y mucho menos nuestro amor.
    El juez no tuvo ningún tipo de dudas al encerrarte. La llave estaba en el suelo, junto a las pequeñas gotas de sangre que me hiciste perder. No lo pudiste negar. Ojala te pudras. Yo ya te avise.


  • 9.- Narrado por Ender Warkowski el 4-03-2007

    Llave sin llavero es como flores sin florero. La vida de esta desdichada llave se estremece fría como el metal del que está hecha y se apega al empedrado de la ciudad sabiendo que jamás podrá volver a ser usada. Su llavero la dejó por otra, una llave de dientes más perfilados e incluso hendiduras diamantinas, con clave y superprotectora del caudal, más estilizada quizá. Ya no abre puertas esta llave y el llavero otra se buscó, una más dinámica, activa y que realmente abra algo, pues la que yace no llegaba ni al corazón. Lastimera se hunde entre las piedras, esperando su olvido, ni siquiera la puerta que sostuviera su encaje sigue con vida. Una llave sin cerradura, una llave sin llavero, una puerta hecha trizas, un suspiro, frío, surca el cielo.


  • 10.- Narrado por Irene el 4-03-2007

    ¿Dondé estará la llave? no está en el llavero, ni en el bolso, ni en el cajón, … La voy a buscar diez minutos más y luego pregunto a mamá. Tampoco en los pantalones, ni en la chaqueta, … ¡Qué rabia me da! sé que ella la encontraría en dos segundos pero luego tendría que escuchar el “si es que lo dejas todo tirado”, “un día vas a perder la cabeza”. ¿He mirado ya en el bolso? … Me pregunto cómo lo hace, ¿tendrá un radar para las cosas perdidas?. Ya he mirado en la entrada, en la cocina, … En fin… ¡¡¡MAMÁ!!!


  • 11.- Narrado por blues catanzzaro el 4-03-2007

    “He parido una llave”

    He parido una llave y me he hecho un tatuaje con tu nombre “libertad”, ahora abro todas las puertas que se quedan entornadas para siempre, por si acaso decido volver.
    La llave es fruto de nuestro amor por la vida, de tu miedo a los niñospájaro y mi incertidumbre por las poesías de barrio.
    Mañana me coseré un par de alas en la espalda y cuando sobrevuele tu casa la dejaré caer, por si un día te cansas de sentir el peso del tiempo sobre tu espalda y decides seguirme. No le pongo llavero para no encarcelarla, ni nombre tampoco, para que si tú quieres puedas amarla sin límites y dejes de temer a los niños que se disfrazan de adultos.


  • 12.- Narrado por Leire Jauregibeitia el 5-03-2007

    Ella había sido su tabla de salvación. Le había rescatado, pero no lo suficiente. Sus miedos le impedían abrazar la nueva oportunidad que ella le brindaba. Le habían hecho demasiado daño y ahora no sabía, no podía aceptar volver a ser feliz. Pero era tanto el amor que ella sentía por él, que a pesar de no entender por qué no podían tener una vida normal como el resto de las personas, nunca le hubiese pedido que se fueran a vivir juntos, porque eso supondría perderle para siempre. Él por su parte, luchaba cada día contra sus viejos fantasmas, hasta que por fin se armó de valor, y decidió hacer copia de la llave de su casa. Tenía todo planificado: iba a invitarla a cenar. Pondría la copia de la llave debajo de su plato, y de esa manera le pediría que se fuera a vivir con él. Definitivamente.
    Llegado el momento, se metió la mano en el bolsillo, en busca de LA LLAVE que cambiaría su vida para siempre; sin embargo, ésta no estaba en el bolsillo…la había perdido…Interpretó el hecho como una señal y pensó que era mejor seguir como hasta ahora. Sus miedos habían vuelto a truncar su futuro. Una vez más, habían vencido a la posibilidad de volver a ser feliz. Y ella nunca lo sabría.


  • 13.- Narrado por Elena Nuñez el 5-03-2007

    Un 3 de marzo le diagnosticaron el cáncer. Uno como el que se llevó a su madre, hacía 4 años. Estaba ya muy extendido. O dicho en términos médicos, “metástasis en fase Terminal”. Aunque bastante poco nos importa en qué términos se defina. La palabra cáncer paraliza. Ya no le quedaban fuerzas para luchar. Jon no podía hacerse a la idea de que también su padre le iba a faltar a partir de ese momento.
    Fue una época dura para él. Momentos como ése siempre lo son. Pero siendo hijo único, y soltero, tuvo que lidiar con la enfermedad de sus padres, echándose al hombro todo el peso de la situación. Una vez hacía 4 años, y ahora de nuevo.
    Aunque emancipado, cada día iba a visitar a sus queridos padres. La llave de su casa engordaba el manojo que cada mes hacía que se le rompiera el bolsillo de algún pantalón. Y que su ama le remendaba con todo el amor del mundo. Las visitas se hicieron más tristes desde la muerte de ésta. Su corazón se encogía al entrar en esa casa, aunque su aita sonreía al escuchar el sonido de la llave girando en la cerradura. Eso le daba fuerzas para apartar la tristeza y compartir los buenos momentos del día con él. Pero cuando el cáncer volvió a entrar en sus vidas, esos episodios terminaron.
    Han pasado muchos años, y como se suele decir, el tiempo lo cura todo. Ahora tiene su propia familia. Solo cuando abre el cajón de la mesilla de noche y ve aquella llave suelta, le vienen a la memoria las lágrimas, el olor a hospital y aquellos malos momentos.


  • 14.- Narrado por Blanca el 7-03-2007

    Es perfecto. Te lo garantizo: perfecto.
    Es guapo, educado,cordial… ¡perfectamente presentable!
    Es encantador, sabe escuchar, se adelantará siempre a tus dseos, no olvida nunca una fecha importante ni un aniversario…
    Es capaz de hacer los regalos más originales. Se preocupa. Te elige la ropa… ¡y tiene un gusto exquisito!
    Cocina de maravilla.
    Sus padres viven a muchos kilómetros y son muy independientes. Nunca ha estado casado, no tiene hijos que le reclamen…
    Es aceptablemente culto, carrera y master perfectos, tiene un currículum primoroso y un empleo muy bien remunerado.
    ¡Ah! Y quiere casarse y tener niños.
    Te insisto: es perfecto.
    Que ¿por qué me voy? Porque yo todavia,
    Te insisto. ¡Es perfecto!


  • 15.- Narrado por Lupita Arciga el 10-03-2007

    Porque lo merecía. Tantas veces tuvo en sus manos aquél manojo de llaves. Tantas veces sacó de su arandela cada una de ellas para contarlas… de la más pequeña a la más grande. De las de color: plata, dorada, bronceada, incluso negra, hasta aquella con dientes finos y más gruesos. Nunca se le ocurrió probarlas en la cerradura, porque pensaba que detrás de aquella puerta, no había nada. Se lo decían todos a través del intercomunicador. Pero decidió comprobarlo por sí mismo.
    Y él corrió tanto… empuñándola tan fuerte, que hasta sangró la palma de su mano. Pero no le importó. Todo lo contrario. Por primera vez, en su insignificante vida, hacía algo que valía la pena. Siempre fue para los demás menos que nada. Esbozo indeseado; carga insoportable; vergüenza perpetua a causa de esa giba monstruosa. Esa tarde despertó experimentando un vigor extraño. Vio claramente que las cuatro paredes que lo rodeaban, no eran una habitación, sino una prisión de la que debía escapar.
    La última fue la indicada. Esa, que oprimía en su desenfrenada carrera y que dejó caer de pronto, en un punto que borró de su mente, al darse cuenta que al fin era libre y comenzaría a vivir.


  • 16.- Narrado por David Villar Cembellín el 15-03-2007

    «Habría que encerrarlo y tirar la llave al mar», preconizaba la clase política dominante. «Sí, sí, encerrémosle y tiremos la llave al mar», repetía el pueblo este tópico por doquier. Estas frase manida, estas palabras gastadas, se escuchaban por todas partes, a gritos las más de las veces. El asesino, el monstruo, había sido detenido.
    Tanto se repitieron que finalmente el poder judicial accedió al clamor. Le encerrarían y tirarían la llave al mar, aunque para ello tuvieran que saltarse su propia ley.
    Así fue como encerraron al asesino, al monstruo, en una celda olvidada y la gran masa se dispuso a tirar la llave al mar. Tanta ira sentían que no advirtieron que la llave no alcanzó nunca su destino y quedó ahí, inánime, entre las rocas. Extraña ceguera la que confiere el odio, la obsesión.



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