Sohez
Me levanto muy pronto y por lo general desayuno siempre solo. Así que he adquirido la costumbre (no sé si buena o mala), y una vez que me he duchado, de encender el televisor para que me haga compañía. En casi todas las cadenas a esas horas unos, sorprendentemente despiertos, presentadores desmenuzan las primeras noticias del día que son muy parecidas a las del día anterior: las matanzas de oriente próximo, la subida del IPC, las disputas entre partidos políticos, las bromas pesadas del Euribor o los logros de algún equipo de fútbol.
Pero a veces algún comentario o algún reportaje me saca de mi ensoñamiento matutino y hace que preste atención a las monótonas voces. Ayer a bombo y platillo anunciaban que en breve entrevistarían a Delfín Carbonell Basset porque acababa de publicar un nuevo diccionario sobre el español, chabacano y bajo, cuyo contenido no se recoge en los diccionarios tradicionales y academicistas y lo ha titulado “Diccionario Sohez de Uso del Español Cotidiano”.
Por supuesto que me quedé a ver la entrevista que giró, como no, en torno a palabras como puta, cabrón o sus múltiples sinónimos que los españoles sabemos utilizar tan bien. Luis María Ansón prologa el libro y la editorial Ediciones del Serbal, S.A. lo edita.
Cuando entrevistador y entrevistado se despidieron me levanté y me dirigí hacia la balda, donde sin orden aparente, están colocados todos mis diccionarios. Y allí estaba: “Gran Diccionario del Argot el Sohez”, un diccionario sobre el español chabacano y bajo cuyo contenido no se recoge en los diccionarios tradicionales y academicistas; prologado por Luis María Ansón, escrito por Delfín Carbonell Basset y publicado en el año 2000 por Larousse.
No he tenido oportunidad de ojear el nuevo diccionario, pero sí que he leído en Internet reseñas del prólogo de Ansón y es exactamente igual al que escribió cinco años atrás. O a lo mejor es el mismo. Y si lo es (que no estoy en contra de las reediciones) no comprendo como hacen una campaña publicitaria como si la idea fuera actual y vendiéndonos un producto como nuevo, cuando en realidad tiene cinco años.
Puede que sea por desavenencias con la antigua editorial o sencillamente por dinero. No importa en realidad, porque el producto es bueno y merece la pena, pero si que pienso que a veces los que orquestan todas estas campañas publicitarias, creen que los espectadores nos chupamos el dedo.
