¿Sabe Usted Escribir Realmente?
Saber escribir.
¿Quién sabe hacerlo? ¿Hace falta un talento innato? Si no, ¿se puede adquirir este a posteriori? Pruebe y vea que consigue.
Si aceptamos que saber escribir consiste en aderezar un escrito sintácticamente correcto y perfecto desde el punto de vista ortográfico, con oraciones ordenadas, coherentes y perfectamente comprensibles, ya se trate de un informe profesional, una carta o una opinión personal, podemos convenir en afirmar que se sabe escribir.
Ahora bien, si lo que queremos preguntar es si Vd. sabe escribir lo que podríamos llamar de forma atractiva, esto es, utilizando todos los resortes que pone a nuestra disposición el lenguaje, con toda su gama de figuras literarias y que, además, lo que sale de su pluma o disco duro gusta a un buen número de personas, en las que despierta el interés, de modo tal que están esperando su próximo texto o escrito para leerle con cierto grado de avidez o curiosidad, me atrevo a decir sin miedo a equivocarme que Vd. sí sabe escribir de forma atractiva o creativa, esto es, en clave literaria. Si lo practica con frecuencia, digamos un par de veces por semana durante dos horas en total, podríamos catalogarle como escritor aficionado o amateur.
¿Ha comprobado ya que lo hace medianamente bien y que sus relatos o poemas gustan? ¿Tiene claro que va a seguir haciéndolo sólo porque se siente bien ejerciendo esa actividad, que le libera de otras preocupaciones de su vida laboral habitual y que a lo más que va a llegar es a conocer su “destreza” escribiendo a su círculo de amigos? ¿O le gustaría dedicarse a ello de forma más o menos profesional?
Las respuestas a todas estas preguntas sólo las tiene uno mismo, pero en todo caso no hemos de desconocer las dificultades del acceso al mundo editorial en todo el planeta y, específicamente, en España. Para dedicarse a vivir de la pluma todos sabemos que se necesitan unas cualidades fuera de lo corriente, algo más excepcionales que las que tienen la generalidad de personas, sobre las que pasaremos de puntillas en las líneas siguientes.
Parece que todos convenimos en que hay que tener cierta dosis de talento para dedicarse exclusivamente a vivir de la Literatura, con mayúsculas. Pero, ¿se nace con esa condición o se puede adquirir con la práctica, pasando por los escalones sucesivos intermedios? Hay mucha gente que afirma rotundamente que hay que nacer con tal talento, que no se adquiere, que se tiene o no se tiene. Mi opinión es que debe existir cuando menos buena predisposición para escribir y que con la práctica necesaria y habitual se consigue el oficio necesario. O sea, que con el talento no es imprescindible nacer.
¿Y qué entiendo por buena predisposición? Es aquella que muestra una persona a menudo ante una llamada interior que le hace sentarse frecuentemente para expresar sus sentimientos en un papel. Las personas introvertidas quizás tengan, en mi opinión, mejor disposición para ello, para expresarse por escrito, aunque hay excepciones. Y, además, debe gustar mucho la lectura y practicarla bastante por sistema. Y el ser joven, pongamos de menos de 25 años, ayuda en la larga carrera del aprendizaje de la escritura profesional.
Lo que es incuestionable, a mi modo de ver, es que la fuerte afición previa por la lectura de buena literatura, es requisito indispensable para el que quiere aprender a escribir bien o mejor.
No hay ninguna verdad absoluta en las opiniones anteriores. Por ejemplo, respecto a la edad para empezar a escribir literariamente en serio, hay quienes han empezado a edad temprana (Dostoievski, 22 años; Hemingway, 24; Kipling, 20; Mann, 26) y otros, sin embargo, lo han hecho muy tardíamente. Un caso reciente es el de Frank McCourt, profesor de instituto en U.S.A., Premio Pulitzer con “Las Cenizas de Ãngela”, que publicó su primer libro, este, a los 66 años. Un hijo mío acaba de regalarme la tercera novela, publicada con 69 años: “El Profesor”.
De cualquier modo, tengo que admitir que es una buena costumbre escribir con mayor o menor asiduidad aunque sólo se haga para satisfacción o desahogo propios, sin mayores pretensiones. Y para las personas que han tenido la suerte de alcanzar la jubilación y temen aburrirse, es una afición excepcional, mejor a mi juicio que llevarse toda la mañana o la tarde jugando al dominó en el Hogar del pensionista de su barrio, aunque no estoy censurando esto último, pero seguro que encuentran con el tiempo más gratificante lo primero. Tampoco hace falta estar todo el día escribiendo.
Me gustaría conocer vuestras opiniones.
