Lucía
Cuando todo el mundo se perdía en las avenidas, cuando todo el mundo huía de la oscuridad, Lucía salía a renovar su espíritu con la fresca y reconfortante brisa nocturna.
Atravesaba la avenida casi sin abrir los ojos, distraídamente, concentrada en sus sensaciones. Tan solo quería escuchar el silencio y oír los latidos de su corazón.
- Estoy viva. Gracias a Dios estoy viva.
Siempre se repetían los mismos pensamientos y siempre se detenían cuando llegaba al acantilado. Allí la brisa tornaba en viento y la sensación de libertad se volvía miedo. Allí, de pie, con las manos en los bolsillos del abrigo, los ojos cerrados y el cuello encogido respiraba más y más fuerte, mientras oía el rugir del oleaje.
Corta vida la de las olas que, incluso la más fuerte, muere violentamente contra las rocas. Desgarrador rugido lanzan al recibir la muerte, sabedoras de que pronto volverán a surgir altas y hermosas para volver a correr la misma suerte.
- ¿Me pasaría a mí lo mismo si me estrellara contra las rocas? ¿Volvería a nacer alta y hermosa?
Lucía dejó su mirada perdida en el imperceptible horizonte, mientras su pelo daba forma al viento que la envolvía. Una ráfaga más fuerte y fría la devolvió a la realidad. Sintió un pequeño escalofrío, cerró los ojos, respiró profundo varias veces y volvió sobre sus pasos.
De camino a casa una pregunta martilleaba su cabeza una y otra vez… “¿Volvería a nacer alta y hermosa?”
Narración: Carlos Delgado
Fotografía: Javier López Fabián
